#4 – Cuaderno de viaje: Volver a casa (con la maleta y el corazón más llenos)

Junio estuvo marcado por un viaje muy especial: volver a Brasil. El motivo principal fue impartir la conferencia “Cartas al poder: prácticas epistolares infantiles y cultura política en las Dictaduras Ibéricas y en el Estado Novo brasileño” en la Universidade do Extremo Sul Catarinense (UNESC), la universidad donde me formé como historiadora y a la que siempre vuelvo con un enorme cariño. Compartir allí los avances de Child2Rule, dialogar con colegas, estudiantes e investigadores fue una forma de cerrar un círculo y, al mismo tiempo, abrir nuevas conversaciones sobre la historia de la infancia y las culturas políticas.

 Conferencia en la Universidad del Extremo Sur Catarinense, por invitación de Camila Serafim Daminelli e Ismael Gonçalves Alves del Núcleo Interdisciplinario de Estudios de Género (NIEGEN).

Pero regresar a Brasil nunca significa solo trabajo. También fue tiempo de reencontrarme con mi familia, abrazar a los amigos y recorrer lugares que siguen siendo parte de quien soy. El viaje pasó por Recife, Brasília, Florianópolis e Içara, y cada ciudad trajo consigo recuerdos, conversaciones y afectos que solo se entienden cuando se vuelve a casa.

Y, por supuesto, estuvo la comida. Hay sabores que uno aprende a extrañar sin darse cuenta. El café, el pão de queijo, la farinha de milho, el bolo de rolo, los condimentos… Antes de regresar a Madrid, la maleta ya no llevaba únicamente libros y apuntes de investigación. Volvía llena de pequeños productos que ocupaban cada rincón disponible y que, durante los próximos meses, harán que la cocina tenga un poco más de Brasil.

¡Maleta llena de amor, cariño y comida!

Supongo que esa es una de las particularidades de la vida migrante. Uno aprende a vivir entre lugares y descubre que las maletas siempre viajan cargadas de algo más que objetos. También transportan memorias, afectos y una forma de hacer que el hogar pueda existir, aunque sea por un momento, a miles de kilómetros de distancia.

Esta vez regresé a Madrid con nuevas ideas para la investigación, el corazón un poco más tranquilo y una maleta bastante más pesada. Como casi siempre ocurre cuando uno vuelve a casa.

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